Las guías turísticas sobre Corea del Sur dejaban claro que a quienes no le gustasen las comidas picantes lo iban a pasar mal. Tenían razón. La comida tiene mucho mucho mucho picante.
De todas maneras, hasta ahora me he batido con esta amenaza bastante bien. Yo pregunto siempre si una u otra comida tiene picante. Así voy evitando el peligro. A veces no se puede eludir y se cae; si bien, procuro comer menos de ese plato en sí. Que conste que el picante me gusta pero el problema es que luego las digestiones pueden llegar a ser terribles.
No obstante, debo reconocer que tengo un arma secreta: mi querido y amado omeprazol. Hasta ahora ha logrado defender mi estómago con gallardía y tesón. Ante el picante y la multitud de sabores que ofrece la comida surcoreana. Kimchi, bulgogi, dakgalbi... y así toda una lista de nombres.
En cualquier caso, la comida surcoreana tiene su atractivo, aunque por aquí se dice que los extranjeros aguantan bien zampándose esta comida los primeros días; luego se acaban cansando y pidiendo comida más occidental. No hay problema, están Burger King, McDonalds, KCF y Starbucks, entre otros.
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