martes, 10 de noviembre de 2009

Munch, “El Grito” y los peluches

Ayer estuvimos en la National Gallery of Ireland de Dublín. Hasta el próximo 6 de diciembre hay una exposición de dibujos del pintor noruego Edvard Munch, el autor de “El Grito”. Merece la pena acudir. Un pintor que trató diversos materiales, de la litografía a los grabados sobre madera y con una obra que se movió entre grandes ejes como el amor y la muerte.

Sin duda, “El Grito”, uno de cuyos dibujos está expuesto en Dublín, es una obra universal. Una muestra de la agitación, miedo y terror que puede llegar a vivir el hombre del mundo contemporáneo. Es difícil situarse delante de esta obra y no sentir nada.

En estas circunstancias, lo que me parece cuanto menos sorprendente es que, en la tienda de la National Gallery, se vendiesen muñecos muy similares a los peluches imitando el personaje de “El Grito”. Y yo me pregunto, un peluche de “El Grito” ¿es para mayores o para niños? Para mayores, creo que es un poco feo. Si lo pones en el salón o en el cuarto de estar diría que es una figura bastante difícil de encajar con otras decoraciones. Además, un peluche no es el material correcto para el salón, si por lo menos fuera una figura de bronce o similar.

Y en el caso de los niños, seguro que el personaje de “El Grito” no pegaría mucho junto a Mickey Mouse, Buzz Lightyear, Pocoyó, Bugs Bunny o el Diablo de Tasmania. Ahora mismo no recuerdo si en el Museo del Prado hay algo parecido. Pero, seguro que serían muy divertidos los peluches de “Las Meninas” o “La Rendición de Breda”. Y de “La familia de Carlos IV”, así los niños podrían jugar con los reyes y los príncipes: “María Luisa, ¿donde está Godoy?”, “no lo sé Carlitos, estará con Fernandito”. Hablando de Goya, serían una maravilla unos peluches de “Saturno devorando a su hijo” o “Duelo a Garrotazos” (en este caso se podrían comercializar unos garrotes inflables). Vaya buenas ideas que doy para el merchandising.

lunes, 9 de noviembre de 2009

La resaca sin tabaco es más sana

No es un alegato contra el tabaco, pero que bien se está en los pubs de Irlanda desde que se prohibió fumar. Para empezar, se respira mejor y lo ojos sufren menos irritaciones (lo siento por los fabricantes de colirios). En segundo lugar, se acabó el oler a tabaco, ni la ropa, ni el pelo... Y en tercer lugar, se acabó la resaca del humo. Algo es algo. Así sólo hay dolor de estómago y de cabeza por el whiskey, el ron, la ginebra o el vodka. Es una manera de estar un poco más sanos.

I hate the soccer

Que mala suerte tenemos los aficionados de equipos que van mal. Lo admito: soy del Atlético de Madrid. Y, ni en Irlanda he podido huir del fútbol. El sábado pensaba, “bueno, como estamos aquí me ahorro los nervios del partido”. Pues nada de nada, entramos a un bonito pub irlandés a cenar, nos sentamos y cuando ya hemos pedido, me doy cuenta de que en la televisión del pub lo retransmiten. Mi gozo en un pozo, empieza el partido y a los cuatro minutos, gol de Kaka. Del resto, que os puedo contar.

Ayer quería seguir huyendo del fútbol. Llegamos a comer a otro pub y ¡zas!, empieza el partido Chelsea-Manchester. Y no es que hubiera una televisión, había 27 televisiones, mirase donde mirase, fútbol y más fútbol.

Un irlandés que venía con nosotros y que conozco desde hace algunos años, va y me pregunta que de qué equipo soy, “¿del Real o del Atlético?”. La respuesta está muy clara. Como era buen aficionado se acordaba del partido del pasado martes entre el Atlético y el Chelsea... y tuve que volver a hablar de mi querido equipo. "El martes plantamos cara al Chelsea, pero ayer el Madrid nos mojó

A los pocos minutos, otro irlandés que conozco y qué sí sabía de mis preferencias me preguntó por el partido de ayer. El preguntar es un decir porque hoy en día, con la globalización, ya sabemos todo. El caso es que otra vez a dar explicaciones. "Que si el Madrid se adelantó, que si no hubo suerte, que estamos muy mal". El caso es que no hay manera de huir del fútbol. Seguro que si fuéramos líderes en la tabla, no habría manera de ver partidos, nadie me preguntaría... ¡Odio el fútbol!

Ps: Hasta el próximo domingo.

sábado, 7 de noviembre de 2009

El metro es más confortable que Ryanair

El Metro de Madrid es, en más de una ocasión, más cómodo que Ryanair. Agradezco a esta aerolínea irlandesa de bajo coste su contribución a reducir los precios en este mercado, pero tengo la impresión de que con eso del bajo coste cualquier día va a acabar algún pasajero volando sentado en el ala como Mortadelo y Filemón o con los pies colgando como Pedro Picapedra (Fred Flintstone, que estamos en Irlanda) y Pablo Marmol. No sé si es leyenda urbana pero algún sitio he leído que Ryanair y otras aerolíneas de bajo coste están estudiando que los pasajeros vayan de pie, como en el metro o el autobús.

Lo que no es leyenda urbana son las rígidas limitaciones del peso. Si te pasas de los quince kilos en el equipaje que se factura pagas, sólo un bulto en cabina, asientos no numerados con lo que si llegas tarde corres el riesgo de tener que sentarte con un hippy barbudo en lugar de con tu mujer.

No es broma, esta mañana hemos volado a Dublín desde Madrid y las azafatas, con una cara de mala leche generalizada (y no exagero), en lugar de dar los buenos días apremiaban a los pasajeros para que se dieran prisa. Lógicamente, en un avión Boeing 737 que sólo tiene un pasillito central, si alguien se detiene para dejar sus cosas y sentarse, pues frena a los demás. No van a pasar unos por encima de otros. Y aún así decían que nos diéramos prisa.

Como Ryanair limita el peso en la facturación, muchos pasajeros suben al avión con el bulto más grande que pueden. Normal, no van a tirar a la papelera un jersey, un pantalón, una camisa o unos zapatos. Sucede, y lo he visto con mis propios ojos, que los compartimentos se llenan en seguida, los pasajeros que llegan tarde desplazan los bultos o abrigos de otros pasajeros que ya están sentados y alguno de estos se molesta. Hoy, dos pasajeros han estado a punto de llegar a las manos y se han puesto a caer de un burro por algo similar. “Cabrón, maleducado...”, decían. En ningún momento ha aparecido azafata alguna a ayudar o a poner paz en esos momentos de tensión.

Ryanair reparte una revista, se agradece. Pero te la dan y se la llevan posteriormente. Claro, de tantas manos que la tocan están más sobadas que...

Pero no seamos tan críticos, los cerditos que van al matadero en camiones, van más incómodos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Aerolíneas de bajo coste y poco peso

Este sábado viajamos a Dublín, la capital de la República de Irlanda. Y volamos con una de las aerolíneas de bajo coste más populares del Viejo Continente. ¿Son más baratos los billetes? Parece que sí, aunque no tanto.

Además, tiene algunos inconvenientes. Uno de ellos es la limitación del peso. Me parece que son 20 kilos y si te pasas, por cada kilo, ¡zas!, palo en las costillas; a pagar más. La única opción es sacar ropa de la maleta y, o bien tirarla a una papelera, o bien ponérsela. Voy a vigilar bien el peso del equipaje, que no quiero estar volando con dos jerseys puestos, dos camisas, tres calcetines....

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ocurrencias y vigilancia

Pensaba que escribir en la comodidad del sofá facilitaría la creación de ideas. Pero ahora me doy cuenta de que no es tan fácil. Cuando no hay ocurrencias es que no hay ocurrencias. Lo que sí veo es que con las nuevas tecnologías estamos mucho más vigilados, y no sabemos por parte de quién. Esta es una teoría muy manida y no seré, por tanto, quien la descubra.

Sin embargo, hay un hecho que es cierto, todos los nuevos ordenadores portátiles llevan incorporada una videocámara. En teoría están apagadas, pero ¿y si se encienden y no nos damos cuenta? Pues corremos el riesgo de ser vistos y grabados en pijama, con legañas, con el dedo metido en la nariz... Y lo mismo sucede con el móvil. Que peligro.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Ajustar o reajustar?

Son las palabras típicas que más se oyen en estos tiempos: ajustar y reajustar. Pero hoy, a mediodía, no sabía cual era la más ajustada a la realidad actual. Así que, me voy a ajustar a lo que diga el diccionario de la RAE.

Ajustar.

1. Hacer y poner algo de modo que case y venga justo con otra cosa.
2. Conformar, acomodar algo a otra cosa, de suerte que no haya discrepancia entre ellas.
3. Apretar algo de suerte que sus varias partes casen o vengan justo con otra cosa o entre sí.
4. Arreglar, moderar.
5. Concertar, capitular, concordar algo, como el casamiento, la paz, las diferencias o pleitos.
6. Componer o reconciliar a los discordes o enemistados.
7. Reconocer y liquidar el importe de una cuenta.
8. Concertar el precio de algo.
9. Obligar a alguien, mediante pacto o convenio, a prestar algún servicio o ejecutar algo.


Reajustar.

1. Volver a ajustar, ajustar de nuevo.
2. Aumentar, disminuir o cambiar precios, salarios, puestos de trabajo, cargos de responsabilidad, etc., por motivos coyunturales, económicos o políticos.

Las opciones están abiertas, podéis elegir la alternativa que queráis.

Los portátiles son portátiles, pero pesan

Dije que daría detalles de nuestro nuevo avance tecnológico. Seré breve. La verdad es que los portátiles, son portátiles, pero pesan, pesan bastante. Con lo ligerito que es mi netbook. Los portátiles están hechos para personas fuertes, muy fuertes, profesionales de gimnasio. Espero no tener que recurrir a los anabolizantes para moverlo de una habitación a otra.

Ps: Pero es muy bonito.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Bienvenidos a Windows 7

Hemos estrenado un portátil. Y con Windows 7. Seguimos en la Galaxia Gates, aunque ahora un poco más evolucionada. Mañana contaré más detalles.

El hambre, el jamón y Homer

Cuando uno tiene hambre, es que tiene hambre. Ayer a mediodía, superadas ligeramente las dos de la tarde caminaba con mi carro por un centro comercial, el Hipercor de San Chinarro para ser exactos. A cierta hora es muy malo caminar entre comida porque los jugos gástricos amenazan con rebelarse y manifestarse con profunda crueldad. Así fue. Empecé a tener un hambre que, con el acelerado paso de los minutos, se volvió atroz. Una sensación profundizada en la circunstancia de que todavía me quedaba un rato para sentarme a la mesa a comer.

La tentación venía, “¿abro una bolsa de patatas? ¿o un paquete de donuts (pese a la grasa que tienen?”. Era difícil decidirse, porque todo era comida a mi alrededor. Pero, al mismo tiempo, no me hacía gracia el tener que ir posteriormente a la caja y explicar “cóbreme esa bolsa de patatas que he abierto porque tenía hambre”. O mucho peor, que alguien me viera comiendo algo dentro del centro comercial y pensara “mira éste, que morro, se abre la bolsa y se la come; seguro que no paga luego”. Descarté esa opción.

Estaba envuelto en esta discusión interna conmigo mismo cuando ante mis ojos se abrió una esperanza. En la sección de embutidos, un señor vestido de cocinero ofrecía una cata de jamón serrano, o cocido, o de york o... no me acuerdo, pero era jamón. Pasa un señor y le ofrece. Pasa justo después el matrimonio que estaba delante de mí y les ofrece. Paso yo y, cuando estaba dispuesto a estirar el brazo (aún no me había movido), se da la vuelta y no me dice nada. Con disimulo frené la marcha pero nada, ninguna respuesta. Sigo caminando, y a otros señores que venían detrás ¡les ofrece! Que indignación. Con disimulo, y como quien no quiere la cosa, di la vuelta haciendo que iba a mirar unos salchichones de una marca catalana allí expuestos y pasé muy cerca del cocinero. Y nada de nada. Estaba gafado. Al final me quedé sin jamón.

Por un momento me acordé de Homer Simpson. Seguro que él también habría vivido una situación similar. Pero con una diferencia, seguro que Homer habría comido jamón, salchichón, chorizo, mortadela, queso, cabeza de jabalí, lomo embuchado, paté.